La reforma laboral de este país

Os dejo con una serie de puntos sobre la reforma laboral que escribe consultor anónimo:

    • Entender que el trabajo no es un “derecho adquirido”: nadie “nos debe” un trabajo. El trabajo tenemos que merecerlo nosotros mismos demostrando (y desarrollando) nuestras capacidades, nuestra involucración, nuestro esfuerzo. Y tenemos que hacerlo día tras día. Si lo hacemos así, no nos faltará trabajo, ya que seremos el “trabajador perfecto” con el que cualquier empresario quiere contar. Y si no hay empresarios que cuenten con nosotros, tendremos que arremangarnos y convertirnos en empresarios nosotros mismos. Lo que no vale es sentarse a esperar “a que me den un trabajo”, y quejarse porque nadie lo hace. O una vez conseguido un trabajo, “relajarse” porque ya tengo trabajo y luego quejarse cuando uno se queda sin él.
    • La empleabilidad es una responsabilidad esencial del trabajador.“A mí, que me formen” no es aceptable. Es uno mismo el que tiene que hacer el esfuerzo por desarrollar sus capacidades, por adaptarlas a las necesidades presentes y futuras del mercado de trabajo. Va en ello su capacidad de encontrar y mantener un trabajo en el futuro. ¿Que cuesta esfuerzo? Pues sí, claro, pero es lo que hay ¿Que no lo quiere hacer? Perfecto, pero luego no vale quejarse, ni esperar que otros resuelvan lo que tú no has querido resolver.
    • Con ese concepto de “ganarse el derecho a trabajar día a día”, carece de sentido el concepto de “contrato indefinido”. Un contrato debe durar en la medida en que ambas partes estén satisfechas. Si por alguna razón una de las partes deja de estarlo, el contrato debe poder romperse, sin más. Sin aspavientos. ¿Despido libre? Sí. ¿Con alguna indemnización? Según el caso. Y desde luego, no como son ahora.
    • Las indemnizaciones vinculadas al tiempo de permanencia en el puesto de trabajo son una idea terrible. Da igual que sean 45 días por año trabajado, 33, o 20. Sobra el “por año trabajado”. El despido de cualquier trabajador debería costar lo mismo. El único criterio que debería pesar para un empresario a la hora de decidir con qué trabajador cuenta o con cuál no es si es bueno, si es productivo. La situación actual provoca que en muchas ocasiones pierdan su trabajo personas mejor dispuestas y preparadas por el único motivo de que “cuesta menos” despedirlas.
    • El despido procedente debe ser mucho más habitual. Hoy por hoy es dificilísimo conseguir la calificación de “procedente” para un despido, incluso en situaciones de abusos palmarios. Una legislación excesivamente garantista hace que se permitan abusos intolerables por parte de determinados trabajadores; al final, el único recurso para el empresario es asumir y pagar un “despido improcedente”. De nuevo, costes de fricción artificiales que dificultan quedarse con las personas más productivas y deshacerse de las que presentan actitudes y comportamientos negativos.
    • Para evitar abusos, en uno u otro sentido, el cuerpo de Inspección de Trabajo debe estar dotado de recursos suficientes. Las investigaciones deben ser rápidas y eficaces, tanto ante denuncias como de oficio. Se trata de investigar, de forma independiente, las situaciones de conflicto que se puedan dar en las empresas. Y de tomar las decisiones justas, bien sea a favor del empleado o del empresario.
    • Las indemnizaciones, y la protección social (el paro) deben ser ajustadas. Se trata de evitar que el trabajador, y su familia, se mueran de hambre. Pero deben ser, a la vez, un incentivo para buscar trabajo cuanto antes. No puede ser que se perciba el paro como un medio de vida, “bueno no tengo trabajo pero como tengo el paro… no tengo prisa”. Es una sangría para las cuentas públicas, y un incentivo negativo para la búsqueda de empleo.
    • Los “derechos sociales”, por muy deseables que sean, no son conquistas irrenunciables. Básicamente, porque cuestan dinero. Cuesta dinero tener protección por desempleo, cuesta dinero pagar pensiones, cuesta dinero la sanidad pública, cuesta dinero la educación pública, cuestan dinero las bajas laborales, las jornadas limitadas, las vacaciones pagadas… Ese dinero sale de las arcas públicas. Y ese gasto sólo es sostenible en la medida en que haya ingresos que lo compensen. Si no hay ingresos, habrá que ir pensando en renunciar a ello. Igual que una familia que, cuando le van bien las cosas, puede permitirse tener un coche, una casa, vacaciones, viajes, comidas fuera… pero cuando van mal las cosas tiene que asumir que no puede ir de vacaciones, que no puede tener una casa en propiedad (y quizás tenga que vivir de alquiler en un piso compartido), que no puede comprarse una tele de plasma. “Ni un paso atrás” es un slogan muy bonito, pero si no hay dinero para mantener un ritmo de vida, habrá que reducirlo. Y esto, que se entiende tan bien en materia de economía doméstica, parece que si lo elevamos a nivel país es una aberración, cuando la lógica es exactamente la misma.

Personalmente, y a riesgo de tirar piedras sobre mi propio tejado, nunca he comprendido lo de la indemnización por despido. ¿Porque una empresa tiene que pagarte si no quieren que sigas trabajando para ellos? ¿Y que pasa si eres tu el que no quiere seguir trabajando para ellos y te vas? ¿No tendríamos que pagar a la empresa?

Al fin y al cabo, cuando un trabajador se va voluntariamente, también perjudica a la empresa, la cual se queda sin su experiencia y conocimientos.

Sin embargo esto no pasa. Y el problema es que no debería pasar en ningún caso. Si me echan, será porque no he sabido hacer bien mi trabajo, o bien porque la empresa va  mal y no se pueden permitir un trabajador como yo. Y si yo quiero que no me echen, pues tendré que, o bien hacerme imprescindible, o bien ser tan productivo que prefieran echar a todos los demás antes que a mi.

En suma, para mi, las relaciones laborales deberían ser como las relaciones de amistad. ¿Que quieres ser mi amigo? Pues gánatelo; y aunque te pueda perdonar muchas cosas, si me la juegas, adiós muy buenas. Y hay del que encuentre un buen amigo, al igual que con un buen trabajador, has encontrado un tesoro.

One response to this post.

  1. Posted by Juan R. on Domingo, 3 octubre 2010 at 17:28

    Pero que sarta de gilipolleces se dicen en esta parrafada.

    Lo mejor se queda para el final, como amigos no? Por eso que el empresario como es tu amigo, no hace que hagas horas extras sin pagartelas o que pierdas tu tiempo y se lo dediques a la empresa y ni que decir tiene que si tu trabajas es porque la empresa genera beneficios por tu trabajo, el empresario no te paga por gusto. Como somos amigo porque no compartimos las ganancias, si soy consultor y tu cobras por mi 60 euros la hora, como es posible que a mi me pagues 20?

    Todo esto sería perfecto y yo lo firmo si el trabajo del que estás hablando es el trabajo ideal, en el que se te paga realmente por lo que haces en el que los sueldos no los pone el empresario con el dedo sino por tus capacidades y por tu trabajo, en el que lo primero es el trabajador y no la empresa.

    Posiblemente las personas que han escrito esto hayan trabajado poco y no saben lo dificil que es conseguir un trabajo y mucho más cuanto más cualificado estás, te gustaria cobrar por lo que sabes verdad, y que me dices si te digo que como lo que vas a hacer lo puede hacer otro que cobra menos pues me da igual lo que tu sepas, se contrata al más barato no al mejor.

    el dia que todas estas cosas cambien yo seré el primero en firmas estas cosaa

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