Posts Tagged ‘Filosofando’

¿Merecemos Vivir?

Acabo de volver de ver Avatar en 3D y… que os puedo decir. La película es visualmente espectacular, y el argumento, aunque peca de tópico, está llevado con una pasión que me ha hecho enmudecer.
Al final se trata de lo de siempre. Los humanos llegamos a un lugar, y como ese lugar tiene la riqueza X, pues nos dedicamos a destruir todo a nuestro paso; auto-justificandonos de la manera que creamos más conveniente. El perfecto ejemplo de esto era el Jefe de la excavación, no me acuerdo de su nombre, que dice “yo veo muchos otros árboles donde pueden vivir.”
Y la verdad es que la película me ha hecho pensar. ¿Que cultura es mejor? La nuestra, avanzada tecnológicamente, miles de millones de individuos… ¿u otra cultura que vive en armonía con la naturaleza pero poco avanzada?
Yo soy de la opinión de que ninguna cultura tiene el derecho a existir porque sí. Si el Euskera desaparece, desaparece, si el castellano desaparece, desaparece. Y ya está, es ley de vida que algunas culturas mueran y otras surjan. Es el ciclo.
Sin embargo, en nuestro caso, solo significa que tenemos la cultura más eficiente. Tenemos una cultura cuya avanzada tecnología es capaz de destruir, sobornar, o asimilar otras. Una cultura que es perfectamente escalable y que puede dar cabida a miles de millones de individuos.
En cambio, una cultura en armonía con la naturaleza no es tan eficiente ni tan perfecta como la nuestra. Ahhh, ¡Bendita Eficiencia!

Para esto creo que resulta muy ilustrativo unas palabras de Goethe, autor alemán que muchos conoceréis:

Las fórmulas mecánicas hablan más al sentido común, pero también son más vulgares y conservan siempre algo de tosquedad. Transforman lo vivo en lo muerto; matan la vida interior para meter desde fuera algo insuficiente. (…) En cambio, las fórmulas morales, que naturalmente expresan relaciones más delicadas, parecen meras metáforas y se acaban perdiendo en un juego de ingenio. Si bien los seres vivos hacen uso de sustancias físico-químicas para lograr sus fines, no podemos simplemente reducirlos a esas sustancias. Así pues, es preciso considerar “el todo en tanto que vive y actúa y esta vida se somete a una fuerza espiritual” (…)

Y es que los seres humanos necesitamos de esa armonía para poder vivir vidas plenas. Necesitamos amistades verdaderas, necesitamos amores verdaderos, familias verdaderas. Necesitamos ese amor y ese significado a la vida. Y cuando falta, cuando rige la cultura “eficiente”, cuando rige la pura evolución, se pierde ese componente moral, ese elemento que no se puede expresar ni cuantificar.
Y es entonces cuando perdemos la humanidad.

Ala, a pensar el resto de la noche

Afterthought: Justamente ese componente moral se puede utilizar para deshumanizar más a la sociedad. Da a la gente un sistema, algo en que creer, sea en su Fuhrer, en su destino manifiesto o en Dios, y serán capaces de matar, saquear, violar… Curiosa paradoja.


Anuncios

Nueva página ¿Quien soy?

He decidido publicar mi identidad al mundo mundial y a Mr. Google. Sé que el 80% de los lectores que me llegan son amigos y familia, así que no va a añadir mucho al blog pero… ¿Quien sabe?

En muchos aspectos creo que aun sigo siendo un Nisu. Ahora mismo estoy en una situación en mi vida donde se me plantean muchas opciones de futuro, y debo empezar a decidir quien soy y, lo más importante, quien voy a ser.

Soy en general una persona muy reflexiva. Me gusta pensar cosas raras a las que nadie dedicaría ni un minuto de su tiempo y por eso creo que y tengo más problemas de “identidad” que la mayoría.

Sin embargo, estoy seguro de una cosa. No quiero dejarme llevar por la corriente: colegio –> Universidad –> trabajo… sin pensar si ese es el mejor camino. Mucha gente que conozco se deja llevar por esa corriente, esa monotonía, esa normalidad. Pero, personalmente, no creo que en ese camino se encuentre la felicidad.

La felicidad no es tener un trabajo en Goldman Sachs, 100 Millones € en tu cuenta bancaria y no tener ningún tipo de problema.

La felicidad, al final, no es estática, no es una situación. La felicidad es acción; la felicidad es hacer cosas que te hagan feliz. Tan simple como eso. Por eso creo que es muy importante que acabe trabajando en algo que me haga feliz, que dedique mi tiempo libre a cultivar mi mente y cuerpo, que escriba en mi blog, a pasar tiempo con mis amigos, mi familia y mi novia.

Y la Libertad. Y no me refiero al simple hecho de estar libre, sino de ser libre. De saber que eres dueño de tu destino y de que tus acciones tienen una repercusión en el mundo. De no estar atado por dogmas políticos o religiosos, sino dar poder a la razón y a la lógica, pero siempre con compasión.

Y es que, por mucho que no queramos seguir a las masas y ser independientes, nunca debemos perder nuestra humanidad y todo lo bello que trae consigo: la confianza sin reservas, el respeto mutuo, la amistad verdadera, el amor correspondido.

El futuro se abre ante nosotros con incertidumbre. Pero eso no significa que debamos afrontarlo con miedo. Si hacemos lo que nos hace felices – lo que de verdad nos hace felices – y actuamos libremente, saldremos de este atolladero, como antes hicieron nuestros antepasados.

Así que ya sabéis, nunca dejéis de pensar, de razonar y de sentir.
El futuro es nuestro, ¡está allí!, ¿A qué esperas para cogerlo?.


La Economía de la Atención

Después de leer este post en Retiario he estado pensando en el tema de la economía de la atención.

La economía de la atención no es un tema extraño para los bloggers de todo el mundo. Se basa en las siguientes hipótesis

  1. La información es accesible igualmente a todo el mundo
  2. La creación de contenidos es superior a nuestra capacidad de asimilarlos

La segunda hipótesis ha sido cierta durante mucho mucho tiempo. Ni siquiera creo que nadie hubiese podido leerse el millón de volúmenes que se dice que estaban guardados en la Biblioteca de Alejandría.

Sin embargo, la primera no ha sido cierta hasta hace poco, con Internet (y depende mucho de donde vivas; sigue siendo un privilegio).

La consecuencia de todo esto es claro. Si tenemos que priorizar nuestro tiempo, ¿A qué debemos dedicarlo? Lo escaso deja de ser la información o el libro o la canción. Lo escaso es el tiempo que podemos dedicar a cada cosa en concreto. De la escasez de recursos materiales, pasamos a la escasez del tiempo.

Esto supone un claro cambio en las estrategias empresariales. Cuando el bien que vendes no es escaso -nadie lo necesita-, lo único que puedes hacer es que sea el mejor y la gente lo sepa. Necesitas que la gente sepa que tu producto (sea una novela, un programa informático o una canción) es mejor que los demás.

Dice un antiguo anuncío de Mercedes que al ser humano le encantan las listas. Nos gusta dar orden al caos. De la misma forma, en este mundo de la atención, un antiguo participante pasa a ser el elemento más importante de la cadena: el “recomendador”.

Esta es la persona o lugar que sintetiza toda esa información, la clasifica y la pone en órden. Así, sitios como Meneame, Digg o determinados blogs pasan a ser una parte importantísima de la cadena productiva para las empresas y las personas.

Estos “recomendadores” serán los que separen un producto genial de entre la paja. Y, quien sabe, si es muy bueno es posible que puedas incluso cobrar por tu producto (incluso en la internet de “zero costs” hay sitio aun para los servicios premium).

El Animal Pólitico

Dice la RAE del Político:

  1. adj. Perteneciente o relativo a la doctrina política.
  2. adj. Perteneciente o relativo a la actividad política.
  3. adj. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. U. t. c. s.

Conozco a bastante gente que lo único que quiere hace en su vida es “entrar en el partido”. Sea cual sea. Ser político de profesión. Puede que os parezca normal que alguien quiera estudiar ciencias políticas y meterse a “política” pero dejadme poneros un símil: mi vida es “ser empleado de empresa”.

Imaginaros que mi objetivo es ser empleado de una empresa, cualquiera. Y, en vez de coger una carrera como economía, administración de empresas o ingeniería, me pillo la carrera de “empleado”. Suena absurdo, ¿No?

Ser un empleado no es algo que se estudie. Es algo que se hace. Y se hace cuando se ha tenido experiencia laboral y conoces como funcionan las cosas dentro de una empresa y como va tu negocio, tu especialidad.

Sin embargo, “meterse en el partido” y conocer como funciona sus procesos y su cultura no te prepara para gobernar ni para tomar decisiones sobre la economía de un pueblo o sobre si se debe instalar unas tuberías de cobre o para saber si los presupuestos están bien hechos.

Lo cierto es que hay una clara disociación entre lo que hace el “político” y para lo que se prepara. En una empresa, el que toma la decisión de invertir o no en un proyecto es el Director financiero; mientras que en la adminsitración pública es uno “del partido” que es concejal de economía, pero que en la legislatura anterior era concejal de agricultura.

Esto no quiere decir que no vaya a saber nada de economía; simplemente constato que, lo que en la empresa se deja al especialista para aumentar la eficiencia, en la adminsitración pública se deja al “generalista”. Y, aunque el funcionario debería ser quien suple el conocimiento del político, éste último no tiene porque escucharle o hacerle caso. El político hará lo que sabe hacer, política; que no tiene porque coincidir con lo que necesita la comunidad.

Para mi este es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la democracia moderna. Conseguir que los que nos gobiernen sepan de lo que hablan y lo que hacen.

Y es que, como dice el personaje Jack Ryan en el libro “Órdenes Ejecutivas” de Tom Clancy:

“No manden políticos al congreso, manden a gente que sabe lo que hay que hacer”

Los columpios de mi colegio

Hace poco recibí un correo electrónico donde se hablaba de como los niños de hoy día habían tenido una infancia muy diferente a la nuestra. Y, según el mail, mucho peor.

Todo esto me hizo recordar una visita que hice a mi colegio hace un par de años. Recuerdo que en el patio del recreo de primaria había columpios sobre el asfalto. ¡Cuantas veces me caí de ellos! Y claro, siempre que me caía, me hacía daño, me hacía heridas.

En mi última visita, al ver los mismos columpios, vi algo extraño. Y es que, donde antes había asfalto, ahora habían puesto una superficie blanda de goma. Ahora, cuando te caías, ya no te hacías brechas. Un gran avance en la protección de los niños.

Y una mierda. A nadie le gusta hacerse daño ni estar en peligro. Pero si no te caes, si no fallas, si no cometes errores, es imposible aprender nada. A veces, para avanzar hay que errar.

A estos niños su madre no vendrá a darles mercromina y un beso cuando se hayan hecho daño. No lo hará porque no necesitará hacerlo. Estos niños nunca sabrán que caerse de un columpio, en realidad, duele mucho. Nunca podrán avanzar, porque nunca se les ha dejado errar.

En nuestra cultura española, y ahora más que nunca, parece que el error, el fallo está maldito. Errar es de tontos y de perdedores.

Todo lo contrario. No somos dioses y, si queremos ver el mundo que está más allá del horizonte, si queremos llegar a más y a sobrepasar nuestros límites, entonces deberemos arriesgarnos, caernos, errar. Y volver a levantarse.

Esa es la diferencia entre un ganador y un perdedor.

¿Por qué los ladrones se reparten el botín a partes iguales?

El otro día estuve viendo de nuevo Ocean’s Eleven y una pregunta vino a mi cabeza. ¿Por qué Dany Ocean se lleva la misma parte que los demas? Aunque algunos papeles son muy relevantes, estoy seguro de que todos estaremos de acuerdo en que, por ejemplo, el papel de Saul (el viejecito), tiene mucho menos peso que el de Dany, que es quien más se pone en peligro y el que diseña el plan.

¿Entonces por que se lo reparten entre todos? Esta no es la única película en la que he visto esta práctica y, aunque no creo que sea un retrato fiel de la realidad, si creo posible que en un robo real también se reparta todo a partes iguales.

La única respuesta que tengo ahora mismo es esta: Riesgo. La remuneración de uno u otro ladron no depende de su papel en el plan global. Lo importante es que sea indispensable su cooperación y que comparta el riesgo de “ser pillado” con los demás.

La fragilidad del Poder

Muchas veces creemos que el mundo es inmutable, que por muchos atentados terroristas nada va a cambiar el mundo tal como lo conocemos. Y otras muchas veces, creemos que con un cambio mínimo (ya sea permitir el matrimonio homosexual o bajar los impuestos), van a producirse consecuencias desastrosas.

¿Cuál es la verdad? Realmente, no creo que ninguna de las dos lo sea. Muchas veces exageramos y extrapolamos unas consecuencias de un acto que son excesivas. Y otras muchas creemos que nuestra sociedad tiene unos cimientos inamovibles.

Pero lo cierto es que si que puede ocurrir una catastrofe. No tiene porque ser un 11-S o una guerra mundial. Lo importante es la CONFIANZA.

Muchas veces, cuando veo alguna película o leo un libro me pregunto, ¿Porque obedece ese personaje? ¿Porque el niño hace caso del Padre y se queda en casa castigado? ¿Por qué no huye? ¿Por qué debemos hacer caso a ese policia? En definitiva, ¿Por qué obedecemos a la autoridad?

Sin autoridad no habría orden. sería imposible la convivencia y llevar a cabo cualquier proyecto. Normalmente la obedecemos por temor. Porque el castigo suele tener más peso que el beneficio que obtenemos con la desobediencia.

¿Pero qué ocurriría si no se pudiese ejecutar ese castigo? ¿Qué pasaría si de repente tus tres hijos te desobedecieses y no te hiciesen ningún caso? ¿Qué pasa cuando 1000 personas vandalizan una ciudad a la vez? En el caso del niño, está claro que vendría la frustación. La sensación de que, realmente, no tenemos ningún control real sobre ellos.

Los Romanos denominaban la autoridad como “autoritas”, el respeto que se tenía a una persona. Cuando alguien tenía autoritas significaba que se le hacía caso, aunque no se tuviese poder real detrás; se le respetaba porque se confiaba en su juicio.

Pero ahora, el vínculo de “autoridad” es mucho más débil. En cuanto desaparece el castigo o el respeto, ésta deja de existir. Y en muchos casos, ya no existe ni lo uno ni lo otro; solo seguimos cumpliendo las reglas por inercia y porque no nos paramos a pensar.

Espero que nadie se de cuenta.